
Inconsecuencia suprema.
Quienes se definen como demócratas y cristianos, cobijados en la tienda de la flecha roja, han demostrado en su historia una inconsecuencia brutal, que es seguramente la que les ha llevado a perder gran parte de su caudal electoral.
De ser el mayor partido político, situación a la que llegaron por posturas claramente anticomunistas, con las que lograron que Frei Montalva fuera Presidente y posteriormente forzaron el derrocamiento de Allende, han derivado a ser funcionales a los rojos.
Lejos han quedado sus épicas luchas contra el divorcio, el aborto, la eutanasia y la defensa de las clases medias, para derivar en un vergonzoso revisionismo de sus posiciones y a pactar con el marxismo para sostener sus ambiciones de poder.
Mucho más atrás en la historia quedaron sus posturas fundacionales, de un corporativismo fascista que imitaba al franquismo español, para encausarse en un populismo con el que creyeron podrían competir con el izquierdismo extremo.
Sin duda las decisiones políticas de la falange han sido erradas, pero, la gravedad del asunto es que han evidenciado poca solidez ideológica, escaso compromiso valórico y ambiciones personales irracionalmente desmedidas.
El partido que ofrecía posturas “nacionales y populares” devino en un internacionalismo informe, pues contrariamente a sus asociados en la internacional a la que están afiliados, en Chile negocian con un izquierdismo brutalmente infantil.
El partido demócrata cristiano traicionó a aquellos que creyeron en el mensaje que entregaba, transformándose en una montonera transversal que cobija en su interior posturas disímiles amalgamadas solamente por la búsqueda del poder.
Por decir lo menos resulta curioso que mientras hacen aspavientos de sus posiciones pro vida, su candidato Presidencial, Eduardo Frei Ruiz Tagle, abjura de todas esas posiciones con el objeto de obtener el apoyo de marxistas, renovados o no.
Confirman las categorías de amoralidad, relativismo y aprovechamiento político las palabras del Presidente de la DC, Juan Carlos Latorre, que al justificar el pacto que buscan con los comunistas, se condolía de la cantidad de Alcaldes que habría perdido por no ir en pacto con los rojos.
La democracia cristiana, por su génesis es completamente antidemocrática, como lo establecen fundacionales, y es intrínsicamente anticristiana en el relativismo monstruoso que ha establecido como método de análisis de los sucesos de la vida.
Sin duda la DC tiene muchas vertientes de las más diversas ideologías, pero lo que está claro es que desde su formación ha hipotecado su alma a la malignidad a cambio de poder político y riquezas económicas.
