Chile necesita honestidad.
La oratoria se ha transformado en una fea palabra, básicamente porque ha dejado de utilizarse para identificar a una persona de buen hablar, de exquisito manejo del vocabulario, de muy fácil expresión de ideas, para pasar a retratar a aquellos “charlatanes” que solo son capaces de la engañifa y de alterar las situaciones en la búsqueda de pequeños beneficios, sean estos para sus propias personas, casi siempre, o también en “ayudas” a los partidos que les cobijan.
Con sinceridad la diferencia entre una persona con retórica, a la que podríamos perfectamente calificar de Tribuno, con aquellos a los que hemos conceptuado como “charlatanes” es de una inmensidad indescriptible. Solo consideremos que el primero es un estudioso, capacitado y culto personaje, mientras que el segundo solamente es un safio embaucador que usa los problemas de los más humildes de nuestro pueblo para hacerse del poder o mantenerse en él.
Esta elucubración tiene por objetivo denunciar que desde la Presidente Michelle Bachelet para abajo, pasando por la ex Ministro Provoste, el Senador Guido Girardi, el Senador Camilo Escalona y el inefable Francisco Vidal son unos charlatanes peligrosos, pues se pasan la vida afirmando que apoyan a las Leyes y que las instituciones funcionan, pero, si hay un fallo adverso, descargan una inmunda andanada de descalificaciones e insultos.
No ha pasado una semana y en este período los ataques han sido de extrema violencia contra el Senado, por cumplir su obligación Constitucional de enjuiciar políticamente a los funcionarios superiores de la administración, o contra el Tribunal Constitucional, por cumplir con la Ley que le obliga a estudiar la Constitucionalidad de Leyes y Decretos. Promoviendo, incluso actos de concentraciones u homenajes a los sancionados para demostrar el desencanto gubernamental.
Nosotros creemos que con el debido respeto, sin intentar hacer lobby sobre sus decisiones ni realizar chantajes con “barras bravas”, los poderes del Estado tienen pleno derecho a exteriorizar sus opiniones diferentes, pero, cuando desde el discurso se intenta “encender” a la población insultando a personas o desprestigiando a las instituciones, sin duda estamos llegando a un extremo que es necesario evitar, pues en caso contrario se puede convertir en una lucha de poderes de final impredecible.
Una de las "perversiones" que está dañando al sistema es la facilidad con que algunos "elaboran" propuestas atractivas, sin meditar si son cumplibles o sin ningún interes en intentarlo, la democracia es fragil, debe ser cuidada amorosamente por la ciudadanía y los gobernantes deben esforzarse más aún para no poner en riesgo un sistema que garantiza nuestras libertades.
Creemos que es hora de reflexión, de serenar los espíritus, de enterrar las hachas de guerra, terminar con las odiosidades, para entender que las instituciones funcionan cuando verdaderamente realizan el trabajo que las Leyes y la Constitución les asignan, realizar lo contrario, además de ser una locura, es sin duda un tensionamiento innecesario a la institucionalidad y un accionar, que de acuerdo a nuestro particular punto de vista, es sumamente asimilable con el delito de sedición.
