jueves, 3 de abril de 2008

Chile no es corrupto, la Concertación sí lo es…….

Chile no es corrupto, la Concertación sí lo es…….

Ver para creer se dice que dijo Santo Tomas refiriéndose a la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, a lo que se le respondió que benditos serían aquellos que creen sin ver. Si bien es cierto es perfectamente aplicable a situaciones de fe, no resulta moral pedir esa misma confianza tratándose de temas pedestres como nuestra poco edificante política.

Las definiciones nos aclaran muchas cosas, aunque el sentido común le da a las palabras un significado lógico, normal, racional y universal, así, por ejemplo, mentiroso es aquel que usa del engaño (Patraña, farsa, trampa, ardid, treta, artimaña, ficción) para que otros hagan lo que esa persona quiere que hagan en su beneficio.

Un ejemplo claro son los cuatro programas que han sometido a la consideración del electorado los 4 postulantes que han sido elegidos Presidentes de la Republica, de cuyas promesas se olvidaron en el mismo momento del triunfo y que obviamente nunca fueron, si serán, cumplidas.

Por espacio, y su tiempo solo recordaremos dos, que creemos son muy significativas, el inmediato cambio del sistema económico impuesto por la dictadura, claro con cuyos resultados hoy se visten y sacan brillo a sus presuntas capacidades, o la inmediata reducción de la brecha brutal entre los más ricos y los más pobres.

Estos personajes, los concertados, han demostrado muy escasas capacidades como conductores, creadores o como líderes, aunque, hay que reconocerlo, han demostrado una singular experticia en la fabricación de eslóganes llegadores y una alta productividad en la industria de la mentira.

Han saqueado el país, durante todas sus administraciones, y con un cinismo atroz salen a enfrentar a quienes se los refriegan “advirtiendo” del peligro de desacreditar a las autoridades y haciendo “gárgaras” de defensa de las calidades morales de la administración y de la gente.

La administración pública profesional, no la que llego con ellos, es de una prístina moralidad, el pueblo es generalmente sano, el problema no está allí, el problema esta en que somos gobernados por una coalición a la que se le acabaron las ideas en la misma medida en la que crecieron sus apetitos de riqueza.

Nosotros no tenemos miedo a que el flagelo se enquiste, porque creemos que el remedio es cambiar permanentemente a los administradores del Estado, ni tampoco dudas de que la ciudadanía, con esa sabiduría innata de que nos ha dotado el creador, les despedira, con su voto, en las próximas justas electorales.

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